domingo, 29 de marzo de 2009

El hombre que quiso ser rey y fue paleontólogo


El barón Ferenc Nopcsa von Felso-Szilvás, mejor conocido como el varón Franz Nopcsa, llevaba una plácida vida en Transilvania allá por 1895, hasta que su hermana le arrimó, mientras jugaban a las bochas, una colección de grandes osamentas fósiles. Franz se mostró interesado en que algún sabio se dedicara a analizar los restos, pero no era tan fácil encontrarlos (como hoy en día). Los investigadores se negaban a acudir a Transilvania. Esto se debía más a la imposibilidad de costear los gastos del viaje (los sabios siempre están lejos) más que al temor por los vampiros. De hecho no existían vampiros en Transilvania en esos tiempos, ni tampoco en la actualidad, los vampiros son exclusivos de América. Hasta 1897, cuando el irlandés Abraham Stoker publicó Drácula, los únicos derramamienos de sangre en esa región se habían producido por los cambios en las mareas políticas, debidas al dominio del Imperio Otomano.

Solo, fané y descangayado, lo vio el austríaco Eduard Suess, buscando a alguien que se pusiera a analizar esos fósiles y entonces le dijo, “¡Pero m’hijo porqué no los estudia usted mesmo!” Y así fue.

Franz, publicó la descripción de Telmatosaurus transsylvanicus un primitivo dinosaurio hadrosauririano. A partir de allí sus investigaciones con dinosaurios no se detuvieron. Desarrollo hipótesis basadas en la insularidad para explicar, el pequeño tamaño de Magyarosaurus en comparación con los saurópodos titanosaurios de América del Norte. Analizó las características del tejido óseo de ciertos dinosaurios, mostrando la presencia de anillos de crecimiento e infirió un crecimiento mucho más acelerado que en los reptiles modernos. De este modo se adelantó con sus conclusiones a controversias más modernas, relacionadas con la capacidad de los dinosaurios de regular o no su propia temperatura.

Pero Franz llenaba sus horas de ocio con otras actividades. La principal, el espionaje a favor del Imperio Austro-Húngaro, en la Albania ocupada por los otomanos. En 1913, al finalizar la guerra de los Balcanes, los albaneses gozaron de unos minutos de tranquilidad, luego de conformar un estado independiente. Franz apostó fuerte y le propuso a sus antiguos patrones, un plan para convertir a Albania en un estado títere del Imperio Austro-Húngaro. El Imperio brindaría una dotación de 500 soldados de elite, disfrazados de campesinos, él pondría a disposición de la causa dos cañoneras a vapor, y se proclamaría Rey de Albania, conformando una monarquía inclinada a Viena.

Los pasos a seguir una vez coronado, quedaron plasmados en el diario íntimo de Franz. Su secretario el albanés Bajazid Doda, apartaba las lágrimas y anotaba obediente la futura boda con la hija de un magnate norteamericano, como medio para sanear la economía del nuevo reino. Pero ya desde entonces los estudiosos de los dinosaurios no era confiables, y el Imperio Austro-Húngaro prefirió enviar a Albania al príncipe Wilhem zu Wied.

Franz no se rindió. Iniciada la primera guerra mundial, se mantuvo fiel a Viena, y con un cargo de oficial siguió sus tareas de espionaje y hostigamiento. Al finalizar la guerra quedó asociado a los derrotados. Sus posesiones fueron confiscadas y su economía doméstica se vio extremadamente empobrecida. Comenzó para Franz un largo paseo por las penurias de una vida que no conocía. Todavía le recuerdan, cantando bajito mientras partía hacia Hungría Nadie salió a despedirme cuando me fui de la estancia, solamente el ovejero, un perro nomás,cosas que pasan… (así se lo escuchó)

Acosado por mil penurias y por su propia personalidad, escapo de su trabajo en el Real Instituto Geográfico de Hungría dando un portazo. El ingenioso hidalgo, tomó a su fiel escudero Bajazid por la graciosa Dulcinea del Toboso y en motocicleta, partieron a recorrer la península itálica. El viaje terminó causalmente cuando se quedaron sin dinero. Sin un cobre, Franz decidió vender sus colecciones de fósiles al Museo Británico de Historia Natural, para poder sobrevivir.

Atrás habían quedado las ingratas épocas de agente secreto y los sueños de un rey que no fue. También la tortuga fósil que describió y nominó poéticamente como Kallokibotion bajazidi, es decir, la maravillosa cajita de Bajazid, inmortalizando a su compañero y al amor de su vida, en una Cryptodira del Cretácico.

El 25 de abril de 1933 Franz y Bajazid tomaron el té, como todos los días. El somnífero no tardó en hacer efecto y finalmente se durmió. Lo beso, le colocó el cañón del revolver en su cabeza y disparó. Franz Nopsca dejó escrito en una nota: “La razón de mi suicidio es un colapso completo de mi sistema nervioso. He disparado a mi viejo amigo y secretario durante su sueño, sin que tuviese la menor idea de mi acción. No quería dejarlo enfermo, pobre y miserable, sufriendo en este mundo...

Y si, Franz siempre fue un tipo muy considerado.