martes, 24 de marzo de 2009

Los sospechosos de siempre


Permiso.

Para mi, el único acto el 18 de marzo de 2009 era el cumpleaños de mi hermano, pero bueno, asumo que alegar ignorancia no cataliza soluciones. No tengo un artículo para compartir, solo algunos comentarios.

Creo que fue Jacob -me refiero al del Nobel con Monod y Lwof, no el otro Jacobo, el hermano tramposo de Esaú, ese que extorsionó a su hermano por un plato de comida (1)- quién decía que las épocas se caracterizaban por las preguntas que eran capaces de hacer las personas, y no por lo cuantioso de los conocimientos adquiridos. La pregunta y su hermana huérfana la duda, motor y combustible, siempre esa yunta maravillosa!

Bueno, creo que ellos tienen razón con el tema de la inseguridad. A uno lo matan en cualquier esquina como a un perro.
Aunque debo confesar, muy a mi pesar, que la mayor parte de los perros que he visto muertos en las esquinas han sido atropellados por automóviles en sucesos fortuitos. De hecho la mayoría de los perros muertos que he visto en las calles, no han caído en defensa de la sagrada propiedad privada (2).

La inseguridad amenaza (ahora) a quienes llevan, temprano por la mañana, a sus hijos al colegio para no llegar tarde al trabajo. A esos mismos que vuelven cansados de la oficina, la verdulería o el banco, y retornan a la tediosa rutina de sus hogares. A aquellos que comparten un cotejo mínimo de palabras en la cena, mientras Tineli se les caga de risa con esa boca asquerosa que tiene. Claro que también nos amenaza a nosotros, a los que arreglamos las desigualdades del mundo discutiendo por Internet antes de ir a comer al McDonald (3).

Pero para ellos, lo único que llego al Palacio de Piedra de Coketown, es la inseguridad, el circo nunca va a llegar (4). Allí en el Palacio de Piedra nadie grita "¡¿Qué he hecho yo para merecer esto?!"
(5) o cual al menos sería una chispa de intención, un reflejo ciego para buscar comprender lo que ocurre. Pero no, al igual que en la cola del Coto de la esquina o en el kiosco, lo que se escucha es que las personas quieren vivir sin ser molestadas, que no les jodan.

Jacob caracterizaría esto como el síndrome "abuelo de Miguelito" (6) y no tanto por las preguntas que los "inseguros" se hacen sino justamente por las que no logran hacerse en su letargo cuasi-burgués. No debe de haber peor culpable que el que esta convencido de su inocencia, como los "inseguros", esos que nunca le quitaron nada a nadie.

Esos que solo están acostumbrados transigir, con una contribución para el hogar de niños de la policía bonaerense o para el fondo de socorros mutuos de los inspectores municipales, con tal de no pagar la multa de la luz roja. Esos que no se dan cuenta que Esaú estaba muerto de hambre, y que si hubiera tenido el valor (y un arma de fuego) sin dudarlo le hubiera pegado un tiro a Jacobo.

Van a seguir marchando, van a seguir pidiendo que se trate a los "bárbaros" por fuera de las leyes que se aplican a los "civilizados". Porque no se sienten responsables de nada (7), porque son las víctimas de la inseguridad. La "gente" pide por su propia tranquilidad, nada más les importa. Y claro n
adie le puede pedir y menos exigir solidaridad a un primate, aunque sea el primate ombligo del mundo.

Pero los "inseguros" ni siquiera pueden ser suspicaces y plantearse que su propia seguridad, depende más de mejorar las condiciones de vida de quienes se cayeron del sistema, que construyendo cárceles o promoviendo la pena de muerte. Ver que no tienen la astucia de ocuparse de los "otros", aunque sólo sea por mero egoísmo, es aterrador y desolador.

Saludos.


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Notas:
(1) No es necesario leer el libro del Génesis para entender esta historia, búsquela en Internet.

(2) Estas estadísticas excluyen por obvias razones a los perros de policía y a los canes caídos en la defensa de los hogares incluso si fueron atropellados en la esquina del domicilio.

(3) No me gusta la comida de McDonald pero genera un buen estereotipo.

(4) Tiempos Difíciles, Charles Dickens.

(5) Pedro Almodóvar, 1984.

(6) Ver Mafalda.

(7) Generalización ridícula, como toda generalización que se precie de tal. Hay muchos que si saben que son responsables pero les importa un pito.