lunes, 10 de diciembre de 2007

Espinosa para Benedictus



Es muy difícil encontrar excepciones obvias a los procesos históricos, sobre todo en aquellos en los cuales uno se siente propenso a realizar generalizaciones, sino incorrectas siempre injustas. Porque las generalizaciones omiten los grises y la impronta de su polarización lleva implícita la sombra del error. Tal vez, para no generalizar sobre generalizaciones (sensu stricto) debería decir que es el error de algunas de las generalizaciones.
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A diferencia de su homónimo actual, Benedicto XVI, Benedictus (tal como firmaba sus notas), o Baruch (en su versión holandesa), o Bento (como le decían a la hora de la cena cuando niño) o simplemente Spinoza; sostiene en sus escritos la idea de Dios como la naturaleza misma (Deus sive Natura). Durante el siglo XVII, esto debió haber sido , motivo suficiente para sumarle verdes leños en la hoguera, a un judío de origen portugués. Pero no fue así.
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Spinoza fue una anomalía (1), tanto por su pensamiento como por su supervivencia a la intolerancia religiosa, tan partidaria de asesinar al libre pensador en épocas de impotencia intelectual y excesivo poder político. Nacer en la tolerante Holanda, sólo le sirvió para tener un poco más de oxígeno y de tiempo (2).
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Spinoza realizó en su juventud un profundo análisis de los textos sagrados. En su análisis argumentó que Moisés no podía haber escrito la Torah. Este fue sin dudas un duro golpe al corazón de la ortodoxia judía, pero no le fue suficiente. Encontró insostenible la fe como fundamento para una creencia, y en particular la fe hacia los milagros, ya que contradecían las leyes de la naturaleza. Afirmó que la idea de una vida después de la muerte, carecía de fundamentos racionales, y como corolario criticó las leyes del judaísmo, acusándolas de indefendibles y arbitrarias.
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Los rabinos de Ámsterdam, mayoritariamente marranos (3) y (3bis), espantados por la caída de uno de sus hijos dilectos, pusieron manos en el asunto. Primero intentaron sobornarlo con una pensión de mil florines para que se transforme en un hereje silencioso y privado, evitando en lo posible su molesta presencia en la sinagoga.
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La negativa de Spinoza desembocó en una acusación de impiedad (4) en donde fue formalmente maldecido, con la sentencia de que Dios suprimía a partir de entonces, su nombre de la tierra y lo expulsaba de todas las tribus de Israel con todas las maldiciones del cielo. Spinoza quedó muerto en vida ante los miembros de su comunidad.
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Ningún Daland lo acogió en su casa, y ninguna Senta murió por amor
(5). De Ámsterdam a Rijnsburg y de allí a Voorburg en las proximidades de La Haya. En su exilio Spinoza pulió cristales para ganarse la vida y pulió su Ethica more geometrica demonstrata (Ética demostrada según el modo geométrico) para entender la vida. De ese modo lo amoldó Georgie (6) a su soneto:
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“Las traslúcidas manos del judío,
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.)
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Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.
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No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.
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Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.
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Su "Ética..." dada a conocer por sus simpatizantes luego de su muerte, tiene como tema central a Dios. Un Dios sin teología. El Dios de Spinoza no corresponde a un ser personalizado o fundador de una iglesia. Dios “es” -para Spinoza- la naturaleza inmensa, infinita, e indiferente a nosotros. La naturaleza no es para ni por nosotros. El prematuro materialismo de Baruch (7) lo consolidó como un monista que negaba la existencia de la dualidad alma y cuerpo. En este contexto y sin almas que salvar, las religiones no son más que un conjunto de complejas supersticiones obsoletas, prestas a quedar relegadas.
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Tal vez uno de los rasgos más interesantes dentro del desarrollo filosófico europeo, lo constituye el anacrónico “acento budista” de Spinoza. Baruch afirma que la moralidad humana consiste en no perturbar el desarrollo de la naturaleza, sino ser parte de ella. Como consecuencia asume que el hombre se encuentra condicionado por el cosmos, y carece de libre albedrío. Las leyes de la naturaleza son la preciada jaula de oro de la libertad humana. La libertad, para Spinoza, se acuna en el rigor de la razón, en clara oposición a la sumisión y genuflexión del dogmatismo religioso.
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Tal vez por eso Joseph Ratzinger, el otro Benedictus, exhorte a los socios de su club a cerrar filas en torno de los ritos pretéritos y los dogmas, escribiéndo en contra de Spinoza. Y si bien éste último, nunca le escribirá a su tocayo vaticano refutándo la antigua prosa de salvación post-mortem si llegó a escribirle a Huguito Boxel.
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El crédulo de Boxel afirmaba la existencia de fantasmas y espectros basado en un principio de autoridad de segunda mano. Algo parecido a afirmar la existencia del Espiritu Santo pero sin la representación colombófila. Boxel afirma que Platón, Aristóteles y Sócrates fueron testigos de tales apariciones, y esto constituía la prueba de la existencia. Spinoza luego no se deja impresionar por ninguno de los nombres y agrega: "No es raro que crean en íncubos quienes también creen ‘en cualidades ocultas, especies intencionales, formas sustanciales y mil otras tonterías’; en cambio, le hubiera resultado muy raro que hubieran testimoniado a favor de los fantasmas Epicuro, Demócrito, Lucrecia o cualquiera de los antiguos materialistas. Del mismo modo, concluye Spinoza, tampoco hay razones para creer en los milagros de la virgen y de todos los santos, a pesar del apoyo que les prestan tantos filósofos y teólogos."
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Los judíos debieron esperar al primer ministro Israelí David Ben-Gurión, para discutir si rehabilitaban o no a Spinoza. La preferencia del mandatario israelí era muy clara, casi tan clara como la de las comunidades ortodoxas en U.S.A. en contra del Estado de Israel (8). En efecto, durante 1969 Borges acompañó a Ben-Gurión en su visita a la Argentina, y juntos dictaron un seminario sobre Spinoza (9).
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Pero a pesar de los deseos y tal como afirma Thomas Abraham (10) "...el rabinato decidió no tomar partes en el asunto. La posición de Spinoza en el judaísmo religioso está entre el “de eso no se habla” al caso interesante e inofensivo de un asunto ya perdido en el tiempo."
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Y mientras tanto, para Benedicto XVI ¿Cuán inofensivo puede ser Spinoza en estos tiempos?
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(1) Antonio Negri: La anomalí­a salvaje. Anthropos, Barcelona, 1993.
(2) En 1678 el estado Holandés prohibió la publicación de sus obras.
(3) Marrano proviene del vocablo "moharrama" utilizado por los judíos sefaradíes (Ibéricos) para referirse a la carne de cerdo. Los judíos de España y Portugal obligados a convertirse al cristianismo, ya sea por coerción o para mantener las apariencias fueron tildados vulgarmente como "marranos".
(3bis) Un libro interesante al respecto es "La gesta del marrano" de Marcos Aguinis.
(4) El 27 de julio de 1656 o el 5416 en cómputos judíos.
(5)
http://es.wikipedia.org/wiki/El_holandés_errante_(leyenda)
(6) Jorge Luís Borges, 1964.
(7) Vidal Peña García. El materialismo de Espinosa (1974) cap. 5 Biblioteca de Filosofía, nº 5Ediciones de la Revista de OccidenteBárbara de Braganza, 12Madrid 1974ISBN 84-292-4505-7 • 190 páginas http://www.filosofia.org/aut/001/1974vp.htm