domingo, 18 de noviembre de 2007

El génesis del docente católico, José Manuel Estrada

Una de las más profundas muestras de autoritarismo, se encarna en la nada original idea de “educar” en el marco estrecho de determinados parámetros ideológicos. Sobrados textos escolares previos al golpismo militar que derrocara a Juan D. Perón en la Argentina (1) o la sustancial propaganda estalinista (2) dan cuenta de ello. Pero sin dudas la intención más homogénea y numerosa a nivel mundial, radica en los intentos de inocular pensamiento religioso en las distintas etapas de la educación formal.

Esta práctica, haciendo uso y abuso del valor cultural, que usualmente las sociedades parecen otorgarle a la tradición como fuente de razón (sic) garantiza en muchos estados la persistencia de sistemas de poder que conforman, cuando no un estado confesional, un “estado dentro de un estado”.

En Argentina, durante el siglo XIX y como corolario del Congreso Pedagógico (1882) se promulgó la Ley 1420, el 8 de julio de 1884. La misma versaba sobre la enseñanza universal, obligatoria, gratuita y laica. Esta obra con sus ochenta y dos artículos, divididos en nueve capítulos, fue un gran progreso en materia educativa (3). El sistema educativo se vería luego reforzado por el Manifiesto Liminar ("La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América") de la denominada Reforma de 1918
(4). Este movimiento que pronto se propagó por América Latina, proclamó una educación universitaria laica, estatal y democrática.

Sin embargo luego de la primavera de 1958 (laica o libre) y de la “Noche de los Bastones Largos” en 1966 (quiebre de la ciencia nacional) promovida por el golpista-lagomorfo; la ideología religiosa, en particular la cristiana, bien vestida de cordero y de tradición nacional (sic.) se propagó exponencialmente en el sistema educativo Argentino. El paralelismo con algunos virus parece un despropósito...para el virus.

“...evangelizar la cultura a través de la educación; y actualizar la vigencia de la identidad de la escuela católica...”
(5) son frases que deberían aterrar a cualquier libre pensador por su más morbosa sinceridad.

Pero esto no es nuevo. Ya en el siglo XIX el padre putativo del docente católico, José Manuel Estrada, bisnieto de Liniers
(6) hizo lo posible por atacar el pensamiento racional y científico, y fomentar el adoctrinamiento religioso. Su más tierna “infancia intelectual” la podemos rastrear en “El Génesis de nuestra raza” de 1862 una obra planteada como una réplica al Prof. De Historia Universal Dr. D. Gustavo Minelli. A Estrada no le fue permitido encarcelar a Minelli y someterlo a un auto de fe, para luego purificarlo en la hoguera (7). Éste último había disertado en las aulas de la Universidad de Buenos Aires sobre las ideas del transformismo biológico. Charles Darwin tenía sólo unos pocos años en el mercado editorial con “El Origen de las Especies” (1859), pero Minelli estaba nutrido en particular, de las ideas de Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, conocido después de 1789 como el ciudadano Lamarck.

Como bien se destaca por Lizarraga y Salgado (8) la conferencia de Minelli y la replica de Estrada constituyen el primer debate público sobre la evolución biológica en estas latitudes. Estrada hizo gala del fijismo creacionista del dogma católico y claro esta de una catarata de falacias dirigidas a la persona de Minelli, con el propósito de desacreditarlo antes que a sus argumentos. Minelli había negado la creación directa, la unidad del género humano y el diluvio universal.

Es interesante como Torrendell
(9) en una excelente muestra de subjetividad, condescendencia, y de cómo no se debería encarar una tesis de licenciatura, confunde radicalmente el concepto de la palabra “refutar”. Si bien en la página 8 afirma que Estrada “contesta”, luego en la 21 comenta, claramente influenciado por su director Nestor Auza (10), que el joven [Estrada] pronto a cumplir sus 20 años inaugura su filosa y densa pluma “...donde refuta un curso de un joven profesor italiano, Gustavo Minelli.”

Un enunciado científico es factible de ser refutado o falseado. Podemos demostrar su falsedad. Por lo tanto es correcto que muchos de los argumentos de Minelli pudieron haber sido refutados. Sin embargo Estrada utiliza como argumentos el dogma católico que por definición no es susceptible de ser refutado (ni demostrado dicho sea de paso). A sus paseos literarios por la Biblia, suma algunas citas del padre de la anatomía comparada Georges Cuvier. Las encendidas evocaciones de Moisés como autoridad en estos temas, o su interpretación de los días del génesis apelando al “éter” se leen hoy como un impotente berrinche irracional ante el positivismo que le pisaba los talones.

El fervor pasional que se lee en Estrada, muestra el fanatismo atemporal que generan los sistemas de creencias religiosos, en particular los monoteístas. Intolerantes por su impronta de origen. Si, desafortunadamente estamos rodeados.

¿Hasta cuando seguirán poniéndole su nombre a las escuelas donde hoy se enseña el hecho evolutivo?

¿Para cuando una escuela llamada Gustavo Minelli?



(3) Weinberg, Gregorio (compilador) Título Ley 1420 : 1883-1884 : debate parlamentario Publicación Buenos Aires : Centro Editor de América Latina, 1984. Colección Biblioteca política argentina ; v. 56-57



(6) Genealogía de los Estrada: http://www.estrada.bz/genealogia.htm

(7) El último auto de fe público tuvo lugar en el año 1826 y fue realizado en España, el maestro de Ruzafa, Cayetano Ripoll, fue condenado a ser ejecutado en la horca y quemado después, en Valencia.

(8) Lizárraga, Fernando y Salgado, Leonardo (2006) Las Vacas de Míster Darwin y otros ensayos (Publifadecs: General Roca, Río Negro)


(10) Auza, N.T. 1999. Racionalismo y tradicionalismo en el Río de La Plata Gustavo Mineli – Jose Manue Estrada. Teología XXXVII n° 73 UCA.