miércoles, 20 de febrero de 2008

LA RAZON GUIANDO AL PUEBLO

Poco le duró la alegría al cordobés José Gabriel Funes (1). Mientras Carlos la mona Jiménez (2) le brindaba sonoridad a Castel Gandolfo, Funes leía los últimos estudios sobre materia oscura, y los avances en el conocimiento de la interacción gravitatoria de las galaxias con sus satélites. Funes nunca sospechó (¿O si?) que Benedicto XVI desmantelaría el Observatorio Vaticano (3).

Funes, cuya memoria no cuestionaremos aquí por respeto a Jorge Luís Borges (4), olvidó rápidamente las contradicciones y enfrentamientos entre la fe y la razón, cuando allá por el 2006 la misma mano que hoy le eclipsa la investigación, lo nombrara director (5) del observatorio más antiguo del mundo (6). El más antiguo, pero nunca el más importante ni el más vanguardista, y para muestra sobra un Galileo.

Las instalaciones del Observatorio pasarán a ser salones de uso diplomático en el marco de un museo. En sus pasillos los creyentes recordarán la inutilidad de la astronomía y los no-creyentes las consecuencias del neo-oscurantismo cristiano.

En la misma línea de argumentación irracional y dogmática, el obispo de Roma sostuvo que en el mundo moderno mucha gente, incluidos algunos creyentes, se han olvidado que si no admiten la culpa y la promesa de no volver a pecar, se arriesgan a una condena eterna, el Infierno. Un infierno del que se habla poco en este tiempo (7).

Bien se las ingenió Benedicto XVI , para quedar más a la derecha que su conservador predecesor Juan Pablo II. Éste último también había arrimado su banquito al fogón (¿infernal?) de la crítica, al apuntar con el dedo a los científicos y al conocimiento racional, a través de Fides et ratio (8), una pequeña carta encíclica desbordante de reflexiones contradictorias.

¿Será la hora de alimentarnos del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, para jugar luego a ver quién escupe el carozo más lejos?

¿Habrá llegado el tiempo de las definiciones, donde la hasta ahora corrupta frontera entre el pensamiento mágico y el pensamiento científico, se vuelva finalmente insoslayable?

jueves, 7 de febrero de 2008

SE EQUIVOCO LA PALOMA (II)


Pocas decepciones pueden ser tan grandes, como la de pronosticar el fin del mundo y sobrevivir a la fecha. April Marcia Leonard y Joseph Whitman lo supieron. Su hijo, Charles Otis Whitman nació el 14 de diciembre de 1842 en la localidad de Woodstock. Allí, la efervescencia irracional de los predicadores adventistas alteró la tranquilidad campestre de los pobladores, y los padres de Whitman no fueron la excepción (1). Los calculos proféticos de William Millar (2), quien basado en su análisis de La Biblia afirmaba que Jesús volvería entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844, hicieron pensar a todos que el fin del mundo estaba cerca y que Whitman tendría una corta vida en la tierra, para disfrutar luego del paraíso.

Pero Whitman trazó otro camino en su vida, buscando las respuestas a sus preguntas en el mundo real. Al igual que Darwin, de Vries, y tantos otros, Whitman aceptó rápidamente la evidencia sobre el proceso evolutivo.

Actualmente sabemos que al menos parte de ese proceso, transcurre debido a los cambios que acontecen en una población a través de las generaciones. Las poblaciones presentan cambios en la variabilidad de los caracteres que presentan sus individuos. Se producen dos tipos de acontecimientos. Los que disminuyen dicha variabilidad (a), tales como la selección natural (un factor determinístico) y la deriva génica (un factor azaroso). Y otros que aumentan la variabilidad (b) generando la materia prima del proceso evolutivo, tales como la reproducción sexual, la cruza con individuos de otras poblaciones (flujo génico), y las mutaciones.

Estos procesos no estaban tan claros a finales del siglo XIX cuando el darwinismo y el mutacionismo se disputaban modelos aparentemente opuestos para interpretar la evolución, el primero gradual y el segundo de cambios bruscos y repentinos.

Al igual que los mutacionistas, Whitman creyó encontrar una refutación clara a la selección natural como responsable primario del proceso evolutivo. Pero a diferencia de los mutacionistas, sus argumentos se basaban en la ortogénesis, una hipótesis promovida por Theodor Eimer (1843-1898), a quien sin embargo no dudo en criticar por su impronta lamarckiana y por haber desvalorizado totalmente a la selección natural.

Según la ortogénesis los organismos varían en una dirección determinada a través del tiempo, más allá de cualquier influencia del medio.

Si bien existieron interpretaciones ortogenéticas científicas, como aquellas que indicaban que la evolución de algunos seres vivos “tendía” al aumento de tamaño de algunas de sus partes, la ortogénesis fue en general caldo de cultivo de otro tipo de interpretaciones.

El híbrido jesuita y paleontólogo, Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) la utilizó como una predestinación divina, indicando la evolución hacia dios encarnado en el “Punto Omega”. (3). Henri Bergson (1859-1941) (4) buscaba darle al proceso evolutivo un sobrenatural “impulso vital” a través de la ortogénesis.

Whitman por el contrario, “…uno de los grandes mecanicistas de la biología experimental, no concebía las tendencias ortogenéticas como impulsos místicos externos, sino como impulsos mecánicos internos, basados en leyes (admitidamente desconocidas) de la genética y la embriología.” (5) Y para eso no tuvo mejor idea que criar palomas.

También Darwin se había dedicado a analizar la variabilidad de las palomas e interpretó las dos barras oscuras de las alas (bibarrada: 6 ) de la paloma común (Columbia livia) como el tipo ancestral para todas las palomas y el patrón de coloración variegado (7) como uno derivado. Whitman utilizó el mismo ejemplo que Darwin, pero conlcuyó lo opuesto. Según él, la “tendencia” consistía en la reducción general del pigmento y en un primer paso, el pigmento se concentraba en bandas o ristras regionalmente diferenciadas, para dar lugar posteriormente a una coloración monocromática uniforme y pálido.

Las conclusiones más importantes de Whitman sin embargo, no se vinculan con su supervivencia al fin del mundo, ni con la ortogénesis en si misma. Su idea de “…que la selección natural no dispone de una variedad enteramente isotrópica de variabilidad, sino que trabaja con un material fuertemente sesgado por constricciones internas” (5) constituye, casi a 100 años de su muerte, una buena síntesis del denominado "evo-devo" (e.g. 8 y 9) y sin dudas una idea para revalorizar.

Whitman falleció de una neumonía, luego de pasarse todo un día brindándoles protección a sus aves durante los primeros fríos del invierno de 1910. Kenji Toada, uno de los ilustradores de los trabajos póstumos de Whitman, es el responsable de esta pareja de políticamente incorrectos (10) “cabecitas blancas” (Columba leucocephala).

(1) http://www.rci.rutgers.edu/~pauly/Whitman%20perspectives.doc
(4) http://www.pensament.com/bergson.htm
(5) Gould S. J. 2002. The Structure of Evolutionary Theory. Cambridge MA: Harvard Univ. Press. (La estructura de la teoría de la evolución), Tusquets, ISBN 84-8310-950-6
http://books.google.com.ar/books?id=nhIl7e61WOUC
(6)
http://avesdetuzona.files.wordpress.com/2007/07/columba-livia.jpg
(7) http://www.damisela.com/zoo/ave/otros/columb/columbidae/columba/livia/f1.jpg
(8) García Azkonobieta, T.(2005). Evolución, desarrollo y (auto)organización. Un estudio sobre los principios filosóficos de la evo-devo: tesis doctoral dirigida por Miren Arantzazu Etxeberria Agiriano. Universidad del País Vasco, Donostia-San Sebastián.
http://www.ehu.es/ias-research/garcia/TESIS.pdf

viernes, 1 de febrero de 2008

SE EQUIVOCO LA PALOMA (I)


Con polenta, como blanco móvil, llevando mensajes o apareciendo de una galera, las palomas siempre nos han acompañado, y han gozado (¿o padecido?) las connotaciones simbólicas impuestas por el hombre (1), (2) o (3).

Charles Darwin (1809-1882) observó y estudió en detalle la variación en las palomas domésticas como parte de lo que consideraba selección artificial. “…The man who first selected a pigeon with a slightly larger tail, never dreamed what the descendants of that pigeon would become through long-continued, partly unconscious and partly methodical selection.” (4). Las conclusiones obtenidas por Darwin, e independientemente por Alfred Russell Wallace (1823-1913) destacaban la amplia variabilidad en los seres vivos y a la supervivencia diferencial de algunas de esas “variantes” como la causa del proceso evolutivo. Llamaron a eso selección natural.

La posterior prostitución política del concepto de selección, como justificación de las desigualdades entre las culturas humanas, ha repercutido hasta nuestros días (e.g.: 5) en una visión prejuiciosa hacia las ideas originadas desde la biología evolutiva. Como si debiéramos obtener pautas absolutas del resto de la naturaleza para justificar nuestros actos. Como si no pudiéramos asumir que el valor de las diferencias culturales no debería de ser excluyente.

Pero así como muchos ignoran las causas de la variabilidad cultural de los pueblos, Darwin y Wallace ignoraban el mecanismo por el cual se propagaba la variabilidad de las poblaciones. El redescubrimiento de las denominadas leyes de la herencia, ubicó a Hugo de Vries (1848-1935) en el foco de atención. De Vries formuló una explicación, que con independencia de la selección natural, daba cuenta del proceso evolutivo: el mutacionismo.

Esta teoría podría resumirse en seis puntos principales:

1. Cada especie consiste en un número fijo de caracteres unitarios.
2. Las especies y sus componentes unitarios, aparecen rápidamente y son inmodificables en su tipo.
3. Los viejos caracteres pueden ser trasmutados en nuevos, pero de modo discontinuo, nunca a través de transiciones graduales.
4. La variabilidad continua y sus gradaciones pueden generar razas pero nunca una nueva especie.
5. La formación de nuevas especies nunca resulta de una tendencia que implique variar en una determinada dirección.
6. La selección natural no puede originar nuevas especies, solo mantiene las especies ya constituidas.

Negando a la selección natural, el mutacionismo salto a la yugular del darwinismo con críticas duras, basadas en experiencias de laboratorio. Mientras los darwinistas discutían aún con el fantasma de Lamarck, los mutacionistas reconocieron dos tipos distintos de variabilidad. Las (a) fluctuaciones y las (b) mutaciones. Para los mutacionistas, las primeras nunca transgredían los límites de la especie. Sin embargo las mutaciones, eran la causa del origen de una nueva especie. Las mutaciones además aparecían rápidamente y originaban los “caracteres unitarios” definitorios de las especies.

El mutacionismo fue sin dudas la postura alternativa (al menos en el marco científico) al darwinismo, hasta que la denominada Teoría Sintética o Síntesis moderna de la Evolución, se consolidó nutriéndose de ambas, durante las décadas de 1930 y 1940.

Sin embargo, un contemporáneo de Hugo de Vries, Charles Otis Whitman (1842-1910) se adelantó a esta síntesis. Whitman supo nutrirse tanto del darwinismo como del mutacionismo. Realizó una obra intensiva, criando y estudiando los patrones de coloración y su herencia, en más de 600 especies de palomas y cerca de 200 razas domésticas. Sus tres obras pricipales en este sentido, fueron publicadas póstumamente (6) por el Carnegie Institution (7) y son una joya no solo por el contenido sino por las ilustraciones, realizadas por K. Hayashi y Kenji Toada. En la imagen se luce una de las especies criadas por Whitman, Spilopelia suratensis pintada por el primero de ellos.

Al igual que Cayo Plinio Cecilio Segundo, mejor conocido como Plinio el Viejo (8), Whitman murió con las botas puestas. Afortunadamente uno espera en la actuliadad, bastante menos de aquellas personas dedicadas al conocimiento científico. Entre otras cosas que sean consecuentes y comprometidas, y sino, bueno que al menos se dediquen a criar palomas mensajeras.

(1) http://altavistanm.org/main/files/u1/espiritu-santo.jpg
(2)
http://www.primacia.com/images/Pinturas/PP_Paloma_Paz.gif
(3)
http://www.tinet.org/~elebro/poe/alberti/alberti23.html
(4) Darwin, C. R. 1859. On the origin of species by means of natural selection, or the preservation of favoured races in the struggle for life. London: John Murray. 1st edition, 1st issue.
http://darwin-online.org.uk/contents.html
(5)
http://orden-natural.blogspot.com/
(6) WHITMAN, CHARLES OTIS, Posthumous Works of. (Paper No. 28 of the Station for Experimental Evolution at Cold Spring Harbor, New York.) 1919.
Vol. I. Orthogenetic Evolution in Pigeons. Edited by OSCAR RIDDLE. x + 194 pp., frontispiece, 88 pls., 36 figs. .
Vol. II. Inheritance, Fertility, and the Dominance of Sex and Color in Hybrids of Wild Species of Pigeons. Edited by OSCAR RIDDLE. x + 224 pp., 39 pls., 11 figs.
Vol. III. The Behavior of Pigeons. Edited by HARVEY A. CARR. With a preface by 24 BT ILL UMI OSCAR RIDDLE. xi + 161 pp., 2 figs.
(7)
http://www.ciw.edu/about/history